Apología de la literatura rusa

Anna Gichkina, Europa ante el misterio ruso: trascendencia, nación, literatura, Ediciones Fides, 2021, traducción de Jordi Garriga Clavé.

A principios de 2023 adquirí un curioso libro, Europa ante el misterio ruso: trascendencia, nación, literatura, escrito por Anna Gichkina en francés. Se trata de un libro completamente inusual en el panorama editorial español, donde los libros de ensayo sobre Rusia y su realidad solo pueden trasladar una visión negativa o en extremo crítica. Sin embargo, el libro de Anna Gichkina es todo lo contrario. Es una apologética de Rusia, su historia, su religión y su literatura, y ya solo por eso merece ser leído y conocido.

He dicho muchas veces, pero no me cansaré de repetirlo, que el mundo editorial español es una colonia del anglosajón, y no solo porque uno de los dos principales grupos editoriales sea Penguin, sino porque el resto, incluidas muchas editoriales de tamaño mediano o pequeño, siguen el mismo patrón de publicaciones. Verbigracia. Un autor chino, ya sea literato o ensayista, no se traducirá al español si no ha sido antes avalado por el mercado editorial de EE. UU. y Gran Bretaña. Si un lector que sienta curiosidad sobre la historia de Irán, de China, de Rusia, de Japón o de Etiopía busca un libro de ensayo sobre estos países solo encontrará libros escritos por anglosajones o profesores de otra nacionalidad (incluida la nacionalidad o etnia del país de referencia) que trabaje para una universidad o institución anglosajona.

¿Cuántos libros sobre la historia de Rusia escritos por historiadores rusos trabajando en Rusia y escritos en ruso se pueden encontrar en España? ¿Y de China, Irán, Japón, Corea, Grecia o Turquía? Yo no conozco ninguno. En cambio no faltarán los escritos por profesores anglosajones. Algunos incluso utilizan la misma portada del original en inglés. Ni qué decir tiene cuál es la perspectiva desde la que están escritos.

Por eso el libro de Anna Gichkina, aunque escrito originalmente en francés, es tan especial, al margen de que se esté de acuerdo o no con su contenido. En primer lugar, su originalidad ya deriva de su género literario: la apologética, hoy día casi desaparecido. No solo es una defensa de Rusia y la rusicidad, sino que postula la salvación de Europa por la «santa literatura rusa», que puede verse como una teodicea destinada a la regeneración moral de Europa por la vía cristiana, no tanto convirtiendo al resto de Europa a la ortodoxia, sino recuperando sus tradiciones principalmente religiosas.

En este sentido, Anna Gichkina pone el acento en la literatura rusa como fuente de salvación y guía tutelar de «la Humanidad» al estar influenciada, aunque solo sea como referencia, por el Evangelio. Incluso las obras literarias rusas más «anticristianas» serían un reverso negativo del propio Evangelio, como pueden serlo los personajes demoníacos de Dostoievski, los cuales no hacen sino poner de relieve el Bien a través del Mal.

La autora defiende la tesis de que Europa ya no sabe distinguir entre estos dos polos, de ahí que necesite a Rusia, un país cuyos mil años de historia han estado regidos por el cristianismo y la noción del Bien y del Mal, especialmente vehiculados por su literatura. Admito aquí mi deuda con Gichkina, pues el que haya leído mi novela, La conquista del Heartland, reconocerá estas ideas pronunciadas por boca del personaje de Angelina Alexandrovna en el capitulo 2 contra las ideas liberales del protagonista, Lope Carvajal.

El libro de Anna está escrito antes de la pandemia y después de los acontecimientos del golpe de Estado proeuropeo del Maidán en Ucrania, es decir, del enfrentamiento directo geopolítico entre Europa y Rusia. En ese momento, Gichkina todavía concebía esperanzas de una reconciliación o incluso de una salvación europea a manos de Rusia. Sin embargo, todo lo ocurrido desde entonces pone en duda estas esperanzas. De hecho, no creo que a Rusia le convenga ser tan generosa con un continente que le profesa un odio africano. De Europa solo puede esperar resentimiento, desconfianza, desprecio y una inmensa e insana codicia por sus  vastos recursos naturales. 

Incluso la gran literatura rusa que todavía se publica y se admira está vista con asombro: ¿cómo es posible que un pueblo tan bruto, salvaje y atrasado haya podido dar fruto a tantas páginas excelsas? En el fondo de la respuesta a esta pregunta late una idea falsa: es la semilla que Europa plantó en Rusia, y por lo tanto no tenemos nada que aprender. Al contrario, nos lo deben.

No, Europa jamás le reconocerá nada a Rusia. Solo sus ciudadanos a nivel individual pueden hacerlo, pero las escalas del individuo y del Estado no son ontológicamente coincidentes. La salvación que propone Gichkina para los europeos solo puede llegar, en caso de darse, a nivel individual.

En cuanto al que esto escribe, solo tiene que leer La conquista del Heartland para entender su posición al respecto. Es una solución, ya lo adelanto, insatisfactoria.

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