Cunqueiro y familia: en torno a una biografía

Reseña de Álvaro Cunqueiro. Sueño y leyenda, la biografía del escritor gallego que ha dejado en testamento el poeta, traductor, novelista y biógrafo melillense Antonio Rivero Taravillo.

Álvaro Cunqueiro es uno de esos escritores inmensos que siempre han pasado como de puntillas bajo el radar de la gran literatura: cuando lo descubres, te preguntas, ¿cómo es posible que este hombre no sea más conocido y que los manuales de historia de la literatura española casi ni lo mencionen o lo hagan de pasada, igual que en una receta de cocina se indica, casi en nota aparte, que es opcional echar o no medio dedo de whisky? 

La mayor parte de su obra no está disponible al gran público y es necesario bucear en las librerías de viejo, o en mi caso, por la distancia que me separa de España, confiar en el buscador de Iberlibro y Todocolección, portales gracias a los cuales he podido hacerme con unos veinticinco tomos de la obra de Cunqueiro, muy dispersa en ediciones de diferente formato por editoriales desaparecidas o incluso por bancos y aerolíneas. Las editoriales que aún tienen alguno de sus libros en catálogo o son muy rácanas o utilizan criterios un poco engañosos. Me temo que, por desgracia, pasarán décadas hasta que se hagan, como Dios manda, unas obras completas del mago galaico de las palabras.

Antonio Rivero Taravillo, Álvaro Cunqueiro. Sueño y leyenda, Renacimiento, 2025.

No son baladíes estas palabras, pues al terminar yo de leer la mayoría de la obra disponible de don Álvaro, siempre imaginé que una biografía suya o un estudio sobre su literatura, no pasaría de las doscientas páginas como mucho. Pero hete aquí que Álvaro Cunqueiro. Sueño y leyenda (Renacimiento, 2025) nos regala nada más y nada menos que 592 páginas, de las cuales 549 son puro texto; si a esto le añadimos que el tomo mide 17 x 24 cm y que los márgenes de la maquetación lamen los extremos de la hoja, entonces pueden ustedes imaginarse el delicioso mondongo que supone jamarse este libro.

Rivero Taravillo nos ofrece una biografía de cuño tradicional, casi a la manera del señor Boswell (del que fue traductor) sobre su amigo el doctor Johnson —tan apreciado y citado por Cunqueiro—, es decir, cuidando tanto el contenido como el continente, y relamiéndose en las anécdotas, tanto ciertas como apócrifas, que en el caso del biografiado son legión. En este sentido, se aclaran algunas de las picardías, trapisondas y jugarretas de las que el escritor fue protagonista en su juventud, en especial en la década del 1940 y que, andando el tiempo, lo llevarían a pasar una temporadita en la cárcel, si bien de momento no se ha podido esclarecer con documentos las circunstancias concretas de su entrada y salida de prisión principiando los años 50. Sin embargo, no todo lo que se cuenta de Cunqueiro ha podido ser confirmado y quedará para la leyenda de su bohemia.

En cualquier caso, acierta su biógrafo con los términos del subtítulo Sueño y leyenda, pues parte nuclear de la leyenda de Cunqueiro reside en su picaresca personal que se traslada a su obra literaria, como dejaría patente en obras como Fanto Fantini o en sus artículos para revista Bazaar en los años 70, recopilados por César Antonio Molina en el volumen La bella del dragón. De amores, sabores y fornicios

Pero también aflora el Cunqueiro muy amigo de sus amigos, desprendido y generoso; el glotón que todos los años regalaba capones de Villaba o tartas de su Mondoñedo natal, que le sabían mejor los platos cuando conocía su historia y tan imaginativamente la contaba; el Cunqueiro infantil, amigo de los niños, melancólico de los días mágicos de la infancia, en especial de los días de Reyes Magos; y el Cunqueiro que tuvo que sacrificar parte de su obra literaria para dar salida a sus hijos multiplicando sus colaboraciones en prensa, dando conferencias allá donde le llamasen, incluso poniendo su rostro y su pluma a campañas publicitarias del vino Ribeiro, o haciendo de jurado en juegos florales y concursos de Albariño.

Señala Rivero Taravillo, que primero estas responsabilidades para con su prole —ineludibles y admirables— y luego su larga enfermedad nos arrebataron quizá una obra literaria mejor cocinada, a fuego lento y sin prisa, como mejor salen los platos. Sin embargo, también reconoce Rivero Taravillo (y cualquier que se adentre en su obra periodística), que Cunqueiro supo volcar todo su pantagruélico talento literario en el género del artículo, donde están algunas de sus páginas más brillantes, y por mor de los contenidos que trataba, absolutamente intemporales. Así como otros periodistas de leyenda se deben leer hoy casi con notas al pie, dada la inmediatez de lo que contaban, a Cunqueiro se le puede leer tal cual, pues en sus artículos no aparecen oscuros nombres de ministros olvidados, noticias candentes que se consumen en sí mismas, sino que hablan de imágenes, olores, sabores y palabras que forman parte del tejido celular de nuestra cultura europea, desde los mitos griegos hasta las leyendas medievales de la Europa cristiana, los cantares de gesta, la poesía céltica y los grandes archipámpanos de la literatura, sin despreciar viajes más lejanos hasta la China y la Trapobana, escenario de algunas historias de su amado Sinbad. Los grandes acontecimientos mundiales no le interesan, salvo como excusa para contar una historia ligada a sus intereses.

También descolla en esta biografía el poeta enamorado de su lengua materna, el gallego, que tanto hizo por reivindicar para el idioma literario, en especial a través de la poesía. Así, podemos saber que a lo largo de su vida no solo compuso de forma constante poemas en gallego que aparecían en prensa y que no todos fueron luego agrupados en libros, sino que tradujo a decenas de poetas de distintas nacionales —a veces por lengua interpuesta— con el afán de engarzar al gallego con las grandes lenguas poéticas de la humanidad. Un esfuerzo sin duda titánico y no extravagante si tenemos en cuenta que a diferencia de otras lenguas, el gallego cuenta con una tradición poética centenaria, y todo bachiller español sabe que nuestro Alfonso X el Sabio escribió las Cantigas de Santa María en romance gallego, que le parecía esta lengua más propicia para la poesía que el romance castellano.

Pero el gallego estaba, al parecer, falto de una ulterior actualización en la prosa y el teatro, y a ello también contribuyó el de Mondoñedo, no solo con artículos en gallego (los menos), sino con parte de sus novelas, en especial Merlín e familia, As crónicas do sochantre, O incerto señor Don Hamlet y Si o vello Sinbad volviese ás illas… Obras que, en su mayoría, volcaría él mismo al español, que esta fue también tarea suya, la de autotraducirse y pasar de una lengua a otra (el español era la de su padre, el boticario) con maestría pasmosa.

Se me quedan muchas cosas en el tintero, pero es que la biografía de Rivero Taravillo lo cubre todo y con generosa guarnición, en forma a veces de tediosa rapsodia de artículos y conferencias (algo acerca de lo cual el biógrafo se disculpa en reiteradas ocasiones), por lo que es imposible consignar todo en esta modesta reseña. Por eso, solo me resta animar a todo el mundo a leer a Cunqueiro primero y luego esta biografía, o al revés, porque la obra del mindoniense carece de spoilers y aguanta la relectura como ninguna otra, y porque su vida habla mucho y muy bien de su propia obra, y supone un complemento imprescindible para chapotear gozoso en sus maravillosas páginas.

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