El curioso caso del erudito McGovitt

Donde se habla de un estudioso del reino de Siam inventado por Álvaro Cunqueiro

Leo estos días la recientísima y voluminosa biografía que el poeta Antonio Rivero Taravillo dedicó a nuestro mago galaico de las letras, Don Álvaro Cunqueiro Mora-Montenegro, del que soy ferviente lector de unos años para acá. Señala en varias ocasiones el poeta que era costumbre biológica de Cunqueiro inventarse historias que hacía pasar por reales o históricamente documentadas, algo que el lector de sus numerosísimos artículos no puede dejar de sospechar. Es decir, que si Lope hablaba en verso, Cunqueiro hablaba en fábula. Historias espurias del Camino de Santiago que hacía pasar por leyendas medievales, cuentos de demonios, apariciones del Holandés Errante, recetas fantásticas de las cocinas de Constantinopla, viajes de ida y vuelta a la isla Trapobana, y un largo etcétera que aceptamos como invenciones en sus cuentos y «novelas», pero que podríamos tener la tentación de tomar como ciertas —es decir, documentadas— en sus artículos aparecidos en prensa.

Álvaro Cunqueiro

Hace unos años, mientras pergeñaba mi novela El naufragio de los imperios, leía yo una recopilación de artículos de Cunqueiro preparada por César Antonio Molina con el título de Viajes imaginarios y reales. Hacia el final, agrupado junto a otros artículos bajo el epígrafe «Noticia varia de lugares y ciudades», se recoge una colaboración en Faro de Vigo del 11 de junio de 1969 para su serie «El envés», que luego aparecerá en forma de libro merced a la editorial Labor. El artículo se titula «Del Siam lejano y de Semiramis». Ya conocía a Cunqueiro de haber leído otros volúmenes suyos de recopilaciones de artículos y siendo como era —y como soy— entusiasta de Tailandia, me relamí presintiendo noticias sabrosas. El texto no me decepcionó en absoluto.

Empieza Cunqueiro hablando, como en él era habitual, de una lectura que había realizado esos días, en este caso, un supuesto estudio sobre la cocina real de Siam y los problemas que el cocinero jefe debe resolver casi a diario, so pena de que ocurra alguna desgracia como que la reina dé a luz a un animal. También habla de palabras prohibidas que esta no debe pronunciar mientras está en estado, pues los más terribles desastres podrían abatirse sobre el reino, como pronunciar la palabra «lluvia», con las consecuencias que se pueden imaginar. Todo esto y algo más lo cuenta Cunqueiro por la autoridad del «erudito McGovitt», autor del supuesto estudio, basándose en informes de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales respecto del siglo XVIII. Bien, cuando llegué a la redacción de la tercera parte de El naufragio de los imperios, que transcurre en Tailandia, recordé este artículo de Cunqueiro y volví a leerlo. Estas informaciones me parecían demasiado sabrosas como para no utilizarlas en la novela y así lo hice en una escena en la que el protagonista, secretario del embajador español, participa en una cena con el rey Bhumibol y su esposa Sirikit (nombrada también por Cunqueiro, por cierto), y el monarca le pregunta si se está familiarizando con Tailandia. Mi protagonista le cuenta entonces que está leyendo el libro de un tal McGovitt, y a continuación, relata algunas de las cosas que señala Cunqueiro sobre la prohibición de los nombres y ciertos platos. 

El caso es que antes de escribir aquella escena quise leer el citado estudio del «erudito McGovitt», por si contuviese más noticias interesantes de las que pudiera hacerme eco. Pero hete aquí que una búsqueda en Google y luego en catálogos de bibliotecas no arrojaban ningún resultado. Probé con varias combinaciones, pero en vano. Entonces deduje que quizás Cunqueiro se había confundido con el nombre, pero que sin duda el estudio existía. Al fin me rendí e hice la mención igualmente.

Ahora, pasados un par de años desde entonces, y al calor de la lectura de la biografía de Cunqueiro, se me impone la idea de que Cunqueiro no solo inventaba historias, leyendas y costumbres variopintas, sino que se inventaba libros y eruditos, y los hacía pasar por ciertos en la prensa. Una consulta a la IA antes de redactar esta entrada de mi blog ha dado como resultado el mismo que el de hace tres años: no existe ningún McGovitt, y desde luego ningún McGovitt que haya escrito sobre Siam y la cocina real tailandesa. Cunqueiro se lo sacó de la manga. Y releyendo el artículo, me temo que las supuestas informaciones que saca del libro se parecen demasiado a todas las invenciones amables y jocosas de las que el autor galaico dejó escritas tantas y tantas páginas.

Algún día escribiré sobre todas las menciones que hizo Cunqueiro de la China, y también del —este sí verdadero— erudito chino Lin Yu-tang, o del más dudoso Hsia Yu-ming que clasificó  a la familia real de los vientos y asignó un número a cada uno de ellos. Todo es posible.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información Básica sobre Protección de Datos:
Responsable: Iker Izquierdo Fernández
Finalidad: Moderar y responder comentarios de usuarios
Legitimación: Consentimiento.
Destinatarios: No se ceden a terceros.
Derechos: Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en hola@ikerizquierdo.com así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.
Información adicional: En la Política de Privacidad encontrarás información adicional sobre la recopilación y el uso de su información personal, incluida información sobre acceso, conservación, rectificación, eliminación, seguridad, y otros temas.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar mis servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Puedes obtener más información aquí:  Política de privacidad