Sobre los temas angulares que gravitan entorno a «La conquista del Heartland»

El amor y la geopolítica son temas que, en apariencia, no guardan relación entre sí de forma «natural». Los puntos de conexión estarían, en todo caso, puestos «desde fuera» por una persona. En este caso, el que escribe.

El pasado viernes 3 de abril se puso a la venta mi última novela, La conquista del Heartland (Sonata de Pekín), en la cual trato de aunar precisamente pasiones amorosas y teorías geopolíticas. ¿Por qué y cómo?

Cubierta de La conquista del Heartland (Ediciones Catay, 2026, 324 págs.)

Esta ligazón no surgió de un plan deliberado, sino más bien de una ráfaga de inspiración sugerida por un recuerdo que hacía mucho tiempo que no afloraba a la superficie. Por entonces —estoy hablando de la primavera del 2024—, llevaba ya dos años escuchando todos los días podcasts sobre política internacional, y por entonces se analizaba de forma escrupulosa la dinámica de relaciones entre Rusia, Occidente y China. Varios analistas sugerían que la unión de Rusia y China supondría una debacle estratégica para el «Occidente colectivo» (subterfugio para evitar decir «imperio de EEUU»), pues el Heartland, es decir, el Corazón de la Tierra, tendría una salida mares calientes por medio de un aliado de enorme peso político y económico. La teoría del Heartland propuesta por Mackinder a principios del siglo XX en Gran Bretaña volvía a estar en el candelero.

Muy bien, ¿pero qué recuerdo encendió la chispa que dio lugar al incendio de la novela? En el año 2007 llegué a Pekín por primera vez para estudiar chino. Unos meses después, conseguí trabajo en una academia de idiomas donde enseñé español por un tiempo. Entre mis alumnos había una chica de etnia rusa, pero de ciudadanía kazaja, una de las mujeres más hermosas que he conocido en mi vida. La procedencia de esta alumna, cuyo nombre no consigo recordar, es el mismo corazón de la Tierra, y en aquel momento pensé que el triángulo Rusia, China y «Occidente» podría corresponder al de un triángulo amoroso.

Inmediatamente apunté la idea con miras a escribir un cuento cuya trama sería puramente metafórica: un profesor de español (Occidente) que vive en Pekín se enamora de una mujer rusa (Rusia) casada con un empresario chino (China). El intento de «Occidente» de romper la unión del Heartland (Rusia) con el país más rico del «creciente interior» (China). Así de sencillo… supongo.

Sin embargo, lo que tenía pensado como un mero relato en el que me dedicaría a rememorar mis días en Pekín, se convirtió en algo mucho más ambicioso. La historia empezó a crecer, y nuevos temas, nuevos recuerdos, nuevas emociones, nuevas lecturas, se interpusieron en mi camino. El metafórico triángulo amoroso pasó a ser la plataforma para algo más grande.

En mi novela anterior, El naufragio de los imperios, intenté retratar la vida de un joven socialdemócrata de mi generación, su crecimiento personal y su desilusión ideológica. Eran los años de lo que he llamado 2ª Belle Époque. Sin embargo, en los años veinte del siglo XXI —donde se ubica «La conquista del Heartland»—, el panorama ideológico ha cambiado notablemente. Ahora el joven que se desengaña ya no puede ser un socialdemócrata clásico porque esa ideología está casi extinguida. La juventud española ha abrazado ahora un cóctel ideológico tan confuso y contradictorio como el anterior, y había que dar cuenta de él. Pero no solo eso, sino que el cuadro sociológico español también ha cambiado. Si Mateo Cortina —protagonista de El naufragio de los imperios— venía de una familia nuclear sólida y pasa su infancia en los años 80, Lope Carvajal —protagonista de La conquista del Heartland— viene de una familia desestructurada, como las que empiezan a ser ya habituales en el cambio de siglo. 

Por lo tanto, no solo la ideología sino también la psicología de ambos personajes forzosamente debían de ser diferentes. Mateo Cortina era un soñador, un señorito descolocado, que se convierte en adulto sin perder nunca su brújula moral. Lope Carvajal es un joven atormentado por su abandono familiar, con relaciones efímeras pensadas para su disfrute egoísta, que intenta recubrir con la ideología de la derecha alternativa: una contradicción entre el tradicionalismo religioso de postín y el liberalismo económico.

La contradicción no es evidente para él, pero se pondrá de manifiesto cuando conozca a Angelina Alexandrovna Sumérkina, una joven de belleza inhumana que, al mismo tiempo, profesa una fe inquebrantable en Dios y en los preceptos de la Iglesia. Su tradicionalismo no es de pega, como el de los «fachers» españoles como Lope, sino que es real. No es una broma de posadolescentes que alardean en Twitter o Instagram, sino modo y filosofía de vida.

Y aquí es donde la literatura, o la metaliteratura, hace su entrada a lo grande, porque Angelina es lectora atenta de toda la tradición literaria rusa y su santo es Dostoievski. Angelina se mira al espejo y contempla una belleza aterradora. El arte bello encarnado en ella. Y es en Los hermanos Karamázov donde Dostoievski señala por boca de Dmitri que «lo peor de todo es que la belleza es tan misteriosa como terrible. Dios y el Demonio luchan allí, y el campo de batalla es el corazón del hombre». En el corazón de Angelina luchan Dios y el Demonio, y ese demonio no es otro que el propio Lope, quien viene a destruir la obra de Dios (el matrimonio de Angelina con su esposo).

Lope Carvajal se siente, por primera vez, desbordado por la realidad, para la que su ideología no sirve, para la que su egoísmo sentimental no sirve. Y mientras su coraza se rompe, busca una salida que lo libre del sufrimiento. Es la salida al triángulo maldito. España como «representante del mundo occidental» en esta tragedia no tiene por qué seguir ni a unos ni a otros, aunque quizás su destino ya esté marcado. La salida toma la forma de Song Ji-nah, una joven surcoreana, trompetista de jazz, cuya personalidad contrasta vivamente con la de Angelina, y es más cercana a la de Lope. El suyo es el ámbito de la libertad moderna, pero con un giro inesperado para la ideología de Lope: es Pekín, la capital del gran estado comunista de la Tierra, la que da a Song Ji-nah su libertad. Así que la salida que le ofrece implica también renunciar a sus ideas.

¿Qué ocurrirá en el corazón de Lope, donde también se libra una batalla descomunal? La conquista del Heartland es el camino tortuosísimo por el que su protagonista transita, es el camino de la rectificación moral, de la rectificación ideológica, de la rectificación amorosa, y quizás, de la aceptación de sus debilidades, sin capas protectoras, sin revestimientos que las oculten. 

Amor y geopolítica, Mackinder y Stendhal (como se pone de manifiesto en los dos epígrafes que preceden a la novela), Dios y el Demonio, Dostoievski y el liberalismo. Dualidades que se confunden y se agitan en esta novela a la que, no obstante, doy un final amable, porque no me gusta dejar al personal destruido.

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